Por qué las leyes para internar a pacientes
externos no cambian (casi) nada

por Douglas A. Smith

Traducido por César Tort (México, DF) - cesartort@usa.net

Muchos de los que pertenecemos al movimiento antisiquiátrico de sobrevivientes, incluyéndome a mí mismo, nos sentimos consternados por la promulgación de leyes de "internar a pacientes externos" en la mayoría de los estados de Estados Unidos. Cuando una versión de estas leyes se promulgó en Nueva York (la "Ley Kendra"), la mayoría de los sitios web tuvieron páginas iniciales "de luto" para ilustrar que la promulgación de esa ley fue una página negra en la historia del movimiento antisiquiátrico y para nuestras campañas en pro de los derechos humanos. Sin embargo, esta victoria de los que creen en la opresión siquiátrica en Nueva York y similares leyes en otros estados son básicamente simbólicas. En lo que a consecuencias prácticas se refiere, estas leyes casi no cambian nada. Mi propia experiencia ilustrará el por qué de esto.

Hace más de treinta años fui internado involuntariamente por mis padres y un siquiatra que contrataron quien insistió que mi opinión que todos los seres humanos tienen el derecho a finalizar sus vidas era un trastorno mental que justificaba detenerme e iniciar los procedimientos de internamiento. Mi sufrimiento se debía a problemas personales, pero el haber pensado algunas veces en terminar mi vida para huir del mismo fue lo que motivó a mis padres a contratar al siquiatra. Nunca decidí terminar con mi vida ni tuve intento alguno de suicidio, pero el siquiatra no dijo nada acerca de lo triste que me sentía, ni pensó que podría decidir terminar con mi vida como resultado de someterme a un internamiento involuntario. Después de un mes de observarme y hablar conmigo casi diario, me dijo que había cambiado de opinión y había decidido que, si bien estaba en desacuerdo conmigo sobre el derecho de cualquier persona de terminar su vida, no era realmente un trastorno; y dijo que no podía encontrar evidencia de que tuviera una enfermedad mental, sólo un sufrimiento ordinario que el llamó "situacional, no biológico". Según mis padres, aproximadamente por ese tiempo les dijo que yo "no tenía una enfermedad mental grave". Dos o tres semanas más tarde, me despachó del hospital. No obstante, como quince días después mi madre hizo una cita para que lo fuera a ver porque creía que mi estado de ánimo triste era muy serio. La principal razón por la que me internaron fue mi negativa a reanudar la llamada sicoterapia de pacientes externos que había tenido por meses y había encontrado insensata, además de que después de salir del hospital continué rehusando ver al siquiatra como paciente externo. No se me pidió que tomara medicamentos siquiátricos. Mis padres y el siquiatra insistieron que sólo lo viera como una consulta que podría llamarse "sicoterapia". A pesar que como un mes antes había admitido conmigo y mis padres que no tenía una "enfermedad mental" (al menos no una "seria"), el siquiatra, con la aprobación de mis padres, me amenazó con internarme de nuevo si rehusaba ir a verlo a su consultorio. Continué rehusando ir a verlo y sólo por esa razón — ninguna otra — me metió de nuevo al hospital por medio del procedimiento de "admisión de emergencia" bajo el que se me encarceló inmediatamente antes de tener cualquier clase de audiencia o juicio. Desde luego, para hacer esto tuvo que alegar que yo tenía una enfermedad mental y que podría causarme daño a mí o a otros si no era hospitalizado inmediatamente. Él sabía que estos alegatos eran falsos. Eran mentiras: lo sabía, y sabía que yo lo sabía. Pero debido a que cumplía su propósito de forzarme a ser un paciente externo, hizo esos alegatos que la ley requiere para internamiento involuntario. Esto sucedió muchos años antes que se hablara de leyes de "internamiento a pacientes externos" como la Ley de Kendra, bajo la que la gente puede ser encarcelada en un hospital sólo porque rehusan cumplir con el programa de "tratamiento" de pacientes externos.

Fui capaz de detener este uso opresivo de leyes de internamiento siquiátrico sólo al demandar un juicio con jurado. De mi primer internamiento había aprendido que la omisión de demandar un juicio con jurado siempre resulta en internamiento involuntario por un juez que automática y rutinariamente aprueba las solicitudes de médicos para internar sin siquiera formarse su propia opinión acerca de lo apropiado del internamiento. Por ejemplo, el juez que me había internado lo hizo sin escuchar cualquier testimonio a pesar de mi demanda que se me permitiera preguntarle al siquiatra unas preguntas (por ejemplo, examinar sobre lo declarado al testigo que estaba en mi contra). La respuesta del juez fue que el siquiatra presentó su opinión bajo escrito, y a pesar de mi protesta el juez insistió que era todo lo que se requería. El abogado que se me había asignado (quien literalmente no dijo una sola palabra durante mi conversación con el juez durante la "audiencia") ignoró mis repetidas demandas de apelar. Así que la segunda vez demandé un juicio con jurado. Más que intentar persuadir al jurado, el siquiatra me liberó del hospital. Desde entonces, no he tenido "terapias" siquiátricas o sicológicas.

Los siquiatras, y en la mayoría de los estados todos los médicos con licencia, tienen siempre el poder de encarcelar a la gente contra su voluntad por cualquier razón que quieran si están dispuestos a alegar "enfermedad mental" y "peligrosidad", mismas que requieren las leyes de internamiento del estado. Como "peligrosidad" es una predicción de conducta futura, la realidad es que siempre es posible alegarla. Como nadie puede jamás probar que alguien va a hacer algo en el futuro, el alegato siempre es imposible de rebatir. En los treinta años que he estado observando esto, he visto que los siquiatras rutinariamente hacen estas alegaciones incluso cuando no tienen razón para creer que son verdaderas y no creen realmente que el candidato a paciente pueda dañar a alguien. Todo lo que hacen leyes como la Ley Kendra es que ya no sea necesario que los siquiatras digan esas mentiras. Como pocos siquiatras están constreñidos por escrúpulos de honestidad, la Ley Kendra y otras similares no magnifican sus poderes. El único tipo de siquiatra cuyos poderes son magnificados por las leyes de internamiento a pacientes externos como la Kendra es aquél que siempre dice la verdad, cuando menos como ve las cosas. Creo que algunos siquiatras son honestos — incluso si sus "conocimientos" son tonterías — pero la mayoría de los siquiatras que he observado son generalmente deshonestos.

Así que veamos la Ley Kendra en Nueva York y leyes similares en otros estados como lo que son: victorias simbólicas de aquellos que favorecen el uso de la siquiatría para violar los derechos humanos.

Existen cuando menos dos peligros de estas nuevas leyes:

En primer lugar, su promulgación muestra que nuestros legisladores aún creen en mitos como (1) que la enfermedad mental es una enfermedad real, y que la misma priva a la gente de libre albedrío y de la capacidad de tomar decisiones correctas; (2) que la enfermedad mental es causada por desequilibrios químicos que se corrigen con medicamentos siquiátricos; y (3) que los siquiatras siempre son honestos y a la vez expertos en su campo, así como sus "diagnósticos" que determinan quién se encuentra "mentalmente enfermo", y quien se volverá violento y poco confiable — haciendo innecesarias las salvaguardias contra el uso opresivo o injusto de internamientos involuntarios. Necesitamos ser más eficaces en nuestros esfuerzos para hacer que los legisladores, jueces, profesionales de salud mental y nosotros mismos comprendamos que los médicos no son casos perfectos de honestidad e integridad, que la "enfermedad mental" no es un concepto válido, que la siquiatría es una seudo-ciencia, que es muy común que los internamientos siquiátricos sean injustos, que los siquiatras rutinariamente violan los derechos humanos, y que el "tratamiento" siquiátrico generalmente daña más bien que ayuda a la gente.

En segundo lugar, estas leyes de internamiento a pacientes externos pueden hacer que los siquiatras y otros "profesionales" de salud mental encarcelen gente sólo porque rehusan tomar drogas siquiátricas, cuando en el pasado se les podría haber dejado en paz. Todos los medicamentos siquiátricos son dañinos. Nadie debe tomar esas drogas. Si podemos detener el uso legal de la siquiatría coercitiva, podríamos necesitar unas "vías de tren underground" similares a aquellas usadas para ayudar escapar a los esclavos negros cuando el esclavismo era legal. ¿Sabrá alguien dónde las víctimas de la opresión siquiátrica pueden esconderse de aquellos que los perjudicarán con internamientos involuntarios o forzarles a tomar drogas siquiátricas? ¿Estará dispuesto alguien a proveer transporte para tal refugio?




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